Cultura

Imagen Hórreo

La mitología popular de este territorio corresponde al ámbito astur-galáico con relatos de carácter infantil protagonizados por el trasno o el veyo del saco, o de carácter supersticioso. La ocultación de tesoros en tiempo de los moros era el principal argumento de las leyendas, y el lobo el protagonista de las numerosísimas supersticiones.

En el terreno lingüístico, la fala es la lengua de este territorio. Se trata de un dialecto gallego-asturiano que difiere en pronunciación y léxico de unas parroquias a otras.

La montera, también llamada boina o pucha, y el chaleco eran indumentaria tradicional de los hombres. Por su parte las mujeres vestían paño en la cabeza, sayas y faldas largas, confeccionadas en casa con lana y más raramente con lino, que el mercado de la arriería contribuirá a diversificar con tejidos traídos de Galicia y León. A su vez, los escarpíos, calcetines de lana, y las galochas, que era el nombre que se les daba a las madreñas, eran todavía en el siglo XX el calzado más tradicional y más utilizado.

En cuanto a la tradición festiva, hasta mediados del siglo XX eran frecuentes las romerías con motivo de la festividad del patrono del pueblo. También eran motivo de celebración aquellas tareas para las cuales se necesitaba la ayuda de los demás (esfoyón, roxois, mallega…) actualmente la mayoría de estas festivas tradiciones han desaparecido, reduciéndose las mismas a las verbenas que durante el verano se organizan en Labiarón y San Martín. Cabe citar también entre las fiestas la de Antroiro, durante la cual los vecinos se disfrazaban y se servían para comer cabeza de cerdo y fillolos, entre otros suculentos manjares gastronómicos.

Otra tradición de carácter festivo era la polavila, reunión nocturna durante la cual se jugaba a las cartas y se narraban cuentos y leyendas. En lo que se refiere a la vida familiar campesina cabe señalar que la casa tradicional estaba formada por vivienda, cuadra, hórreo y construcciones auxiliares destinadas a pajar y guardar herramientas y aperos agrícolas y ganaderos, y que el individuo estaba vinculado desde su nacimiento a una familia, que era su seña de identidad dentro de la sociedad. Asimismo, las tareas agrícolas y ganaderas, y con ellas el calendario agrícola, pautaban la rutina diaria, en la que las mujeres desempeñaban un papel crucial al ser las encargadas de mantener y transmitir las costumbres, los deberes y las obligaciones sociales.